Aunque se tiende a pensar que el glaucoma es una enfermedad de personas mayores, la realidad es que también existe el glaucoma infantil. Lo cierto es que se trata de una enfermedad ocular poco común en la infancia, pero sus consecuencias pueden ser graves si no se detecta y trata a tiempo.
A continuación, te explicamos todo lo que debes saber sobre el glaucoma infantil. Y recuerda que no debes esperar a que aparezcan síntomas evidentes: una revisión visual precoz puede marcar la diferencia. ¡Pide cita en Anfer Óptica y protege la salud visual de tus hijos!
¿Qué es el glaucoma infantil?
El glaucoma infantil es una enfermedad ocular que se produce cuando aumenta la presión dentro del ojo o presión intraocular, dañando progresivamente el nervio óptico.
Este nervio es el encargado de enviar la información visual del ojo al cerebro, por lo que su deterioro puede provocar pérdida de visión e incluso ceguera si no se interviene a tiempo.
Aunque la causa exacta del glaucoma en niños puede variar, en muchos casos está relacionada con una malformación en el sistema de drenaje del ojo, lo que impide que el líquido intraocular fluya correctamente, aumentando así la presión ocular.
El glaucoma infantil puede afectar a cualquier niño, pero hay ciertos factores que aumentan las probabilidades de que aparezca: antecedentes familiares, malformaciones oculares congénitas, síndromes genéticos como el síndrome de Sturge-Weber o el síndrome de Axenfeld-Rieger, cirugías oculares tempranas o traumas en el ojo, uso prolongado de ciertos medicamentos, como corticoides, en algunos casos.

¿Qué tipos de glaucoma infantil existen?
- Glaucoma congénito: se presenta desde el nacimiento o en los primeros meses de vida.
- Glaucoma infantil: aparece desde el primer año de vida hasta los 3 años.
- Glaucoma juvenil: se desarrolla desde los 4 años hasta la adolescencia.
¿Cuáles son los síntomas del glaucoma infantil?
- Ojos grandes o con apariencia abultada (debido a la presión interna elevada).
- Lagrimeo excesivo sin motivo aparente.
- Intolerancia a la luz (fotofobia): el niño cierra los ojos o parpadea mucho ante la luz solar o luces fuertes.
- Nublamiento de la córnea: en vez de verse transparente, el ojo parece grisáceo o “empañado”.
- Enrojecimiento ocular constante.
- Retrasos en el desarrollo visual o torpeza al moverse.
- Desviación ocular (estrabismo) en casos más avanzados.
En los bebés pequeños, una señal de alarma puede ser que lloren mucho al exponerse a la luz, cierren con fuerza los párpados o se froten los ojos con frecuencia. Además, si tu familia tiene antecedentes de glaucoma, es recomendable que las revisiones visuales empiecen antes del primer año de vida y se mantengan de forma periódica.

¿Cuál es el tratamiento del glaucoma infantil?
Esto depende de la edad del niño, el tipo de glaucoma y el grado de daño visual. En muchos casos, se requiere una cirugía temprana para corregir el sistema de drenaje del ojo. También pueden usarse medicamentos en forma de colirios o comprimidos para reducir la presión ocular.
Lo más importante es que el glaucoma infantil necesita un seguimiento constante. Aunque se logre controlar la presión, el desarrollo visual del niño debe ser monitoreado regularmente para evitar pérdidas adicionales de visión.

En definitiva, unos de los problemas principales del glaucoma infantil es que muchas veces pasa desapercibido. A diferencia de los adultos, los niños no suelen quejarse de molestias visuales, por lo que es fundamental que los padres estén atentos a ciertos signos y que ante la menor duda acudan a un óptico-optometrista.
