Aunque no lo notes, nuestra visión va cambiando a lo largo de los años. Pueden ser cambios imperceptibles o alteraciones más graves, pero en ambos casos las revisiones visuales regulares son clave para detectarlos y ponerles solución antes de que tengan efectos irreversibles. En Anfer Óptica somos muy conscientes de esto, por eso ponemos a tu disposición los mejores medios profesionales y técnicos para hacerte una revisión visual completa. ¡Pide cita y no esperes a tener molestias!
¿Cada cuánto tiempo debes hacerte una revisión visual?
Niños y adolescentes (hasta los 18 años)
Durante el crecimiento, la vista puede cambiar rápidamente, y problemas como la miopía pueden tener una rápida progresión. Por tanto, lo más adecuado es hacer una revisión visual una vez al año, y en algunos casos cada 6 meses.

Adultos jóvenes (de 18 a 40 años)
Lo ideal es una revisión visual cada dos años, incluso si no notas cambios en tu visión. Y si pasas muchas horas frente a pantallas o sufres fatiga ocular, conviene hacer controles más frecuentes.
Mayores de 40 años
A partir de esta edad es común la aparición de presbicia o vista cansada, y otros problemas visuales, por tanto, se recomienda una revisión visual anual. Si tienes antecedentes familiares de enfermedades oculares, la frecuencia de las revisiones debe ser mayor.
Personas con enfermedades visuales o crónicas
Las personas que padecen diabetes, hipertensión, glaucoma, etc. requieren revisiones visuales más frecuentes según las recomendaciones del especialista, ya que ciertas condiciones pueden acelerar el deterioro de la visión.

Síntomas y problemas de una graduación visual desactualizada
Muchas personas se acostumbran a ver mal, lo cual puede acarrear una serie de problemas y consecuencias como los que te contamos a continuación:
- Dificultad para realizar tareas cotidianas como conducir, leer o trabajar frente a una pantalla, aumentando el riesgo de accidentes frente al volante y disminuyendo el rendimiento laboral o académico.
- Dolores de cabeza como consecuencia del sobresfuerzo por enfocar.
- Mareos, problemas de equilibrio y visión borrosa, ya que el cerebro trabaja más para compensar la pérdida de graduación.
- Fatiga visual: ojos cansados, secos o con sensación de picor, sobre todo después de largas jornadas con pantallas o leyendo.
- Posturas incorrectas y contracturas derivadas de la necesidad de acercarte demasiado a la pantalla o entrecerrar los ojos para ver bien.

